Mujer en conflicto con su maternidad

MUJERES QUE ENTREGAN A SU HIJO(A) EN ADOPCION

(Fundamento del programa de Atención a la madre biológica, Fadop, 2005)

Suele dejarse en manos de la mujer la decisión respecto del niño que espera, aunque gran parte de las mujeres atendidas “esperaba” fundada o infundadamente que el progenitor les brindara apoyo para asumir adecuadamente su embarazo y, por consiguiente, al(la) niño(a). Aún más, muchas de ellas creían posible poder llegar a construir una familia con el padre de su hijo(a). Lo anterior, guarda estrecha relación con una de las principales razones manifestadas por las mujeres para entregar a sus hijos(as) en adopción, cual es la falta de apoyo del progenitor. Esta razón se ve reforzada por el hecho de no existir apoyo de familiares cercanos a las mujeres; por lo tanto, ellas se ven enfrentadas a un embarazo y a un(a) hijo(a) que, no sólo no ha sido planificado, sino que además, perciben que, de algún modo, las hace palpar de manera más consciente la soledad en que se encuentran y el dolor que esto conlleva.
Desde el comienzo, experimentan sentimientos ambivalentes o de rechazo inicial. En las mujeres “menores de 20 años el deseo de haberse embarazado es sólo un 28,6%. Aumenta a 35,3% a la edad en que el embarazo es recomendable, para descender sólo 23,9% en las de 35 años y más. Entre las razones expresadas para no tener deseo o bien sentimientos mixtos -que son en total un 71,2%- figura el ser soltera y conflictos con su familia además de tener situación económica deficitaria.” (Viel y Pereda, 1991).

De lo anterior se desprende que el conflicto que viven aquellas mujeres respecto de su maternidad, las lleva a considerar la alternativa de la adopción como una solución adecuada para resolver su situación. De hecho, según cifras del SENAME (en libro de Seminario Internacional: reformas en materia de Infancia y Adolescencia, año 2003), en el año 2002, se atendió a un total de 186 madres que se encontraban en esta situación y que contemplaron la posibilidad de entregar a sus hijos en adopción. De ellas, un 39,2 % (73 madres) asumió finalmente su maternidad y un 36% entregó a su hijo en adopción (el resto de los casos se encontraba sin información o en proceso hasta la fecha de elaboración del documento citado.

Muchos factores influyen en la decisión de entregar a un(a) hijo(a), como se señalaba ya en párrafos anteriores. Si bien cada situación es diferente, de acuerdo a algunos estudios hay algunos rasgos comunes tales como: carencias económicas, falta de apoyo afectivo tanto familiar como de pareja, sensación de incapacidad y soledad ya que no cuenta con redes de apoyo. Lo anterior, se ve reflejado en el siguiente testimonio entregado por una madre y recogido por Julio Cesar Labaké en su libro “Carta al hijo que entregué en adopción” (Labaké, 2000): “Aquellos fueron días de certezas terriblemente crueles para mis dieciséis años y un embarazo de cuatro meses en mi vientre.
Y sola.
Sin una familia y sin un hombre que se jugara a mi lado….Porque se dijeron tantas cosas absurdas y falsas que hasta él se convenció que debía abandonarme. Tanto que nunca más supe de su existencia”.

Es frecuente encontrar que la mujer que se encuentra en conflicto con su maternidad y que ha pensado en la posibilidad de entregar a su hijo(a) en adopción, no logra desarrollar un fuerte apego emocional durante el embarazo (a diferencia de lo que sucede con una mujer que acepta y/o ha esperado dicho embarazo). Es usual percibir un bloqueo interno, que se manifiesta como una defensa para no contactarse afectivamente con lo que les está sucediendo y, de este modo, sentirse menos vulnerable. Muchas mujeres saben que si entregan al(la) hijo(a) que esperan, enfrentarán el dolor auto impuesto, otras ni siquiera son capaces de aceptar esto y se centran en que su decisión es beneficiosa para ella y los que la rodean.

El parto las pone en contacto con ese(a) niño(a) que en su momento fue solo una “idea”. Es este el momento en el que se da cuenta de lo que realmente perderá. En esta etapa, la mujer se cuestiona si realmente será capaz de soportar y enfrentar la pérdida de alguien que no volverá. Este período se hace especialmente difícil y revive con más intensidad el conflicto inicial de asumir o no su maternidad, ya que, por un lado, puede desear asumir al(la) hijo(a) que ha nacido, pero se ve imposibilitada de hacerlo en la práctica. A esta difícil situación, se suma el hecho que normalmente no tiene con quien compartir el dolor, la pena, los sentimientos de culpa, así como también la ansiedad y sentimientos de impotencia frente a su realidad.

Después que el(la) niño(a) es entregado(a), se pueden describir una serie de reacciones y emociones. Para algunas madres, después que se han recuperado físicamente después del parto, la realidad de lo que ha ocurrido aparece. Para hacerlo menos doloroso, ellas niegan que haya sido importante, actuando en concordancia a esta negación y señalan que se debe volver a la vida normal. Otras mujeres se enrabian, sea con sus padres, su pareja, con la Institución de adopción o la “sociedad”. También es esperable que vuelquen la rabia hacia sí mismas y se depriman. Algunas de ellas se quedan estancadas en está fase por largo tiempo, yendo desde la negación de lo que sienten a la rabia y la depresión una y otra vez.

Lo anterior da cuenta de la importancia de que se hable de esta pérdida y se reconozca el dolor, la culpa así como también las ansiedades y sentimientos de impotencia. La mayoría de las personas al experimentar una situación de dolor pueden vivir el duelo, con rituales que son socialmente aceptados. En el caso de la entrega en adopción, no tiene “permiso” para lamentar esta pérdida, la actitud predominante es que debe dejar atrás lo que pasó y que la vida debe volver a la normalidad.

Con el transcurso del tiempo hay mujeres que son capaces de sobreponerse al dolor, conscientes que su determinación en ese momento y bajo esas circunstancias fue lo mejor para su hijo(a), quedando en paz consigo mismas. Sin embargo otras permanecen con fuertes sentimientos de culpa y su vida jamás vuelve a ser lo que era antes, reviviendo permanentemente el dolor.

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